Por Dim Kuzmenko
Publicado: 8 de octubre de 2026
Actualizado: 8 de octubre de 2026
Estilos arquitectónicos

Arquitectura neoclásica: orden, Ilustración y los edificios del Estado

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La arquitectura neoclásica es el estilo que, entre 1750 y mediados del siglo XIX, recupera de forma deliberada el orden, la simetría y el frente de templo de Grecia y Roma como reacción contra el barroco y el rococó. Nace con la Ilustración, se apoya en la arqueología de Herculano y Pompeya y se convierte en el lenguaje de museos, parlamentos, teatros y casas de moneda a ambos lados del Atlántico.

No es una copia de la Antigüedad: es una relectura. Los arquitectos del siglo XVIII no heredaron el orden dórico por tradición continua, sino que lo estudiaron en ruinas medidas, láminas grabadas y tratados, y lo aplicaron a programas que la Antigüedad nunca conoció: museos públicos, bibliotecas nacionales, congresos electos, aduanas. Dentro del panorama general de estilos, que repasamos en nuestra guía de estilos arquitectónicos, el neoclásico ocupa el tramo que va del barroco tardío al eclecticismo académico del siglo XIX.

Esta guía recorre el movimiento desde su origen intelectual hasta su vida actual: de dónde sale, cómo se construye, cómo se reconoce en la calle, qué edificios lo explican en Europa, Estados Unidos y América Latina, y en qué se diferencia de la arquitectura clásica original, que es su fuente y no su sinónimo. Cierra con la parte práctica: cómo se representa hoy una fachada de este tipo mediante render arquitectónico cuando hay que presentar una restauración, una ampliación o una obra nueva de lenguaje clásico.

Ficha rápida del neoclásico: cronología, rasgos y ejemplos

Ficha rápida del neoclásico: cronología, rasgos y ejemplos

PeriodoDe c. 1750 a c. 1850, con prolongaciones académicas hasta el siglo XX
OrigenLa Ilustración, las excavaciones de Herculano (1738) y Pompeya (1748) y el Grand Tour
Rasgos claveSimetría axial, órdenes clásicos (dórico, jónico, corintio), pórtico, frontón, cúpula y ornamento contenido
MaterialesSillería de piedra, aplacado de mármol, ladrillo y estuco despiezado para imitar sillar
Tipos principalesEdificio-templo, línea palladiana y bloque clásico urbano
Ejemplos célebresPanteón de París, Altes Museum de Berlín, Museo del Prado, Palacio de Minería, Palacio de La Moneda
Estilos emparentadosNeogriego, estilo Imperio, arquitectura republicana latinoamericana y Beaux-Arts
La Ilustración, Pompeya y el nacimiento del neoclásico

La Ilustración, Pompeya y el nacimiento del neoclásico

El neoclásico no aparece por agotamiento decorativo, sino porque cambia la idea de qué debe hacer un edificio. En plena Ilustración, la arquitectura se discute igual que se discuten las leyes: en términos de razón, utilidad y verdad constructiva. En 1753 el abate Marc-Antoine Laugier publica su «Ensayo sobre la arquitectura», donde reduce el edificio a su origen lógico, la cabaña primitiva de troncos, vigas y cubierta a dos aguas, y distingue entre los elementos esenciales de esa estructura, los añadidos por necesidad y los introducidos por capricho. Poco después Johann Joachim Winckelmann convierte el arte griego en modelo moral con su «Historia del arte de la Antigüedad» (1764). Con esos dos textos la columna deja de ser adorno y vuelve a ser argumento.

Reacción contra el barroco y el rococó

Frente al barroco, el neoclásico invierte casi todas las decisiones. Donde el siglo XVII curva el muro, lo tensa y lo llena de escultura, el XVIII lo aplana, lo despeja y deja que la proporción haga el trabajo. Donde el barroco busca sorpresa y emoción dirigida, el neoclásico busca legibilidad: se quiere que cualquiera entienda de un vistazo dónde está la entrada, cuántas plantas hay y qué jerarquía tienen las partes. El rococó, todavía más ligero y ornamental, fue el blanco directo de las críticas académicas. El contraste se aprecia mejor comparándolo con los estilos que lo preceden.

Excavaciones, láminas grabadas y el Grand Tour

La arqueología cambió el gusto tanto como la teoría. Los trabajos en Herculano, iniciados en 1738, y en Pompeya, iniciados en 1748 bajo el patrocinio de Carlos de Borbón, futuro Carlos III de España, sacaron a la luz casas, pinturas murales, mobiliario y detalles constructivos romanos que nadie había podido estudiar de primera mano. En paralelo, James Stuart y Nicholas Revett publicaron en 1762 el primer tomo de «Las antigüedades de Atenas», con templos griegos medidos y dibujados sobre el terreno. El Grand Tour puso esas ruinas al alcance de toda una generación de arquitectos y de clientes: la Antigüedad pasó de ser una idea literaria a ser un repertorio medible.

Columnas con programa político

El neoclásico se vuelve estilo de Estado porque sirve para decir algo concreto. La Francia revolucionaria y la joven república estadounidense encontraron en el frontón, la columnata y la cúpula una referencia directa a Atenas y a la República romana, es decir, a un ideal de virtud cívica y de gobierno por la ley. En la América hispana ocurre en dos tiempos: primero la Corona lo impone desde arriba, con las reformas borbónicas y las academias, para desplazar al barroco de los gremios y de las órdenes religiosas; después las repúblicas independientes lo conservan, porque ese mismo lenguaje ya significaba orden, legitimidad y modernidad.

Fachada neoclásica con columnas y cúpula bajo un cielo azul en París
El pórtico de templo y la cúpula cívica explican la autoridad de esta fachada parisina.
Orden, simetría y muro liso: la gramática del neoclásico

Orden, simetría y muro liso: la gramática del neoclásico

El neoclásico funciona como sistema y no como colección de motivos. La pieza central son los órdenes clásicos, que fijan la relación entre basa, fuste, capitel, entablamento y cornisa; una vez elegido el orden quedan determinados el ritmo de los vanos, la altura del pórtico y el peso visual del muro. De Grecia toma la medida y la contención; de Roma, la escala, la cúpula, la bóveda y el repertorio completo de edificios públicos.

  • Pórtico y frontón triangular — un templo aplicado a la entrada, casi siempre sobre un podio o una escalinata.
  • Simetría axial estricta — eje central marcado, alas iguales y vanos repetidos a intervalos regulares.
  • Muro liso y ornamento contenido — paños planos, molduras finas y decoración concentrada en frontón, friso y jambas.
  • Columnas con capitel legible — dórico, jónico o corintio, con fuste acanalado y proporción canónica.
  • Cúpula o cuerpo central dominante — un volumen que remata el eje y ordena el conjunto desde lejos.

Los órdenes y cómo se elegían

La elección del orden nunca fue arbitraria. El dórico, macizo y sin basa en su versión griega, transmite gravedad y fuerza institucional; el jónico, con sus volutas, introduce una elegancia más culta; el corintio, con hojas de acanto, aporta riqueza ceremonial cuando el edificio necesita solemnidad. Como el capitel anuncia el orden en el primer vistazo, funciona como el indicador más rápido del tono y del rango del edificio. Reproducir esas piezas con exactitud, desde las acanaladuras hasta el entablamento, es donde el modelado 3D arquitectónico demuestra su valor, porque levanta cada elemento como geometría medida antes de cualquier render o fabricación.

Simetría, proporción y claridad geométrica

La calma del estilo viene de la geometría antes que del control del ornamento. Los arquitectos buscaban plantas espejadas, ejes centrales, intercolumnios repetidos y relaciones proporcionales que dejaran la fachada resuelta antes de mirar un solo relieve. Detrás está la idea vitruviana de que la belleza nace cuando las partes se explican dentro de un todo coherente, y no cuando cada detalle compite por atención.

Materiales y técnicas constructivas

El material refuerza el mensaje. La mayoría de los grandes ejemplos combinan sillería de piedra, aplacado de mármol o estuco despiezado para imitar sillar, porque el peso y el acabado transmiten permanencia y remiten a Roma. Detrás de esa piel suele haber ladrillo, mampostería y, ya en el siglo XIX, estructuras de hierro: el edificio parece macizo, pero el orden clásico es en buena medida un revestimiento aplicado sobre una construcción moderna. Para comprobar cómo leen la luz, la sombra y la masa en pórticos, cúpulas y paños ciegos antes de construir, el render exterior es la herramienta más directa.

Pórtico, frontón, columnata y rotonda

El frente de templo funciona porque sus partes se refuerzan entre sí: el pórtico enmarca el acceso, el frontón corona la composición, la columnata marca el ritmo y el friso o el artesonado conducen la mirada en horizontal. En el interior la secuencia se repite en vestíbulos, escalinatas y rotondas cubiertas. Esa lectura por capas se explica mucho mejor a un cliente con render de interiores cuando hay que entender alturas, profundidad de artesonado y luz cenital antes de cerrar materiales.

Edificio neoclásico de capitolio con gran cúpula y columnas bajo un cielo azul
La cúpula sobre el pórtico convierte el orden clásico en símbolo de poder público.
Tres familias neoclásicas: templo, palladiana y bloque cívico

Tres familias neoclásicas: templo, palladiana y bloque cívico

Bajo el mismo paraguas clásico conviven soluciones muy distintas. No todo edificio neoclásico copia un templo, ni todos aplican el mismo grado de fidelidad arqueológica: la escala del programa y el presupuesto deciden tanto como la teoría. En la práctica, el movimiento se reparte entre tres familias que conviene distinguir antes de datar una fachada.

Edificios-templo

Es la versión más legible: el museo, el monumento o la sala de asambleas que se comporta como un santuario antiguo. Se apoyan en un podio elevado, un pórtico profundo y un frontón que convierte el alzado principal en emblema público. Detrás de ese frente creció un programa moderno de salas, depósitos y oficinas, pero la promesa visual siguió siendo la misma: propósito solemne anunciado con una silueta canónica.

La vía palladiana

Una segunda línea llega por Andrea Palladio más que por la excavación directa. Sus villas simétricas y su tratado «Los cuatro libros de la arquitectura», publicado en 1570, transmitieron el precedente romano filtrado por el Renacimiento, y esa versión doméstica y manejable del clasicismo caló sobre todo en Gran Bretaña y en Estados Unidos. La casa de campo y la villa cívica se convirtieron en los vehículos ideales del decoro clásico.

El bloque clásico urbano

Las instituciones urbanas necesitaban plantas más grandes y flexibles que las de un templo estricto. De ahí el bloque clásico: masas rectangulares largas que consiguen dignidad con pilastras, almohadillado, escalinatas y una separación medida de los huecos, sin depender de un pórtico dominante. El Altes Museum y el Museo del Prado muestran hasta qué punto una fachada disciplinada sostiene la autoridad clásica aunque la planta sea inequívocamente moderna.

Fachada de museo neoclásico con columnas altas y patio mojado por la lluvia
Columnas altas y fachada medida producen el ritmo tranquilo típico de los museos neoclásicos.
Edificios neoclásicos de París a Ciudad de México

Edificios neoclásicos de París a Ciudad de México

El alcance del estilo se entiende mejor poniendo los ejemplos uno junto a otro. De parlamentos y museos a teatros y casas de moneda, el mismo vocabulario sirvió al poder del Estado, a la erudición, a la conmemoración y a la ceremonia pública. Lo que cambia de un país a otro es el acento: la piedra disponible, el clima, los oficios locales y la política a la que el edificio tenía que dar forma.

Europa: París, Berlín, Londres y Madrid

Europa produjo las obras más exigentes del movimiento. El Panteón de París, proyectado por Jacques-Germain Soufflot y levantado entre 1758 y 1790, combina planta de cruz griega, pórtico corintio y cúpula sobre tambor. El Altes Museum de Berlín, de Karl Friedrich Schinkel (1825-1830), resuelve un museo entero tras una columnata jónica continua. La Puerta de Brandeburgo, de Carl Gotthard Langhans (1788-1791), traslada los propileos de la Acrópolis a una entrada urbana. El Museo Británico, de Robert Smirke (1823-1852), levanta un frente griego para el saber enciclopédico. En Madrid, Juan de Villanueva inicia en 1785 el edificio que hoy alberga el Museo del Prado, y Francesco Sabatini firma en 1778 la Puerta de Alcalá.

Estados Unidos: el clasicismo como lengua del Estado

En Estados Unidos la forma clásica se volvió inseparable del lenguaje del gobierno. Thomas Jefferson proyectó el Capitolio del estado de Virginia (1785-1788) tomando como modelo la Maison Carrée de Nimes, un templo romano que visitó en 1787, después de elaborar el proyecto, y más tarde organizó la Universidad de Virginia en torno a una rotonda inspirada en el Panteón de Roma. El Capitolio federal de Washington arrancó en 1793 con el proyecto de William Thornton y pasó por Benjamin Henry Latrobe y Charles Bulfinch antes de que Thomas U. Walter levantara la cúpula de hierro fundido actual entre 1855 y 1866. Ese hilo explica por qué el clasicismo acabó pareciendo nativo de la república y no importado.

América Latina: de la Academia de San Carlos a los capitolios

En América Latina el neoclásico llega primero como política cultural y después como identidad republicana. La Real Academia de San Carlos, fundada en 1783 en la Ciudad de México, formó a la primera generación que trabajó con el nuevo lenguaje; su figura mayor fue el valenciano Manuel Tolsá, autor del Palacio de Minería (1797-1813), de la estatua ecuestre de Carlos IV conocida como «El Caballito» (1803) y del remate de la Catedral Metropolitana. Suyo es también el proyecto del Hospicio Cabañas de Guadalajara, iniciado en 1805 e inscrito en la lista del Patrimonio Mundial en 1997. En paralelo, el mexicano Francisco Eduardo Tresguerras construyó en Celaya el templo del Carmen (1802-1807), una de las obras neoclásicas más puras del país. En Santiago de Chile, el italiano Joaquín Toesca levantó entre 1784 y 1805 la Casa de Moneda, hoy Palacio de La Moneda y sede del gobierno. En Brasil el estilo entra con la Misión Artística Francesa de 1816 y con Grandjean de Montigny, autor de la Academia Imperial de Bellas Artes de Río de Janeiro. Ya en etapa republicana, el arquitecto Thomas Reed proyectó el Capitolio Nacional de Bogotá, iniciado en 1848 y terminado en 1926; el Palacio Legislativo de Montevideo se inauguró en 1925 y el Capitolio Nacional de La Habana, en 1929.

Puerta triunfal neoclásica con columnas altas al atardecer en Berlín
La puerta usa la forma clásica como teatro urbano y marca la ciudad con una silueta ceremonial.
El neoclásico como proyecto urbano: ejes, plazas y perspectivas

El neoclásico como proyecto urbano: ejes, plazas y perspectivas

El movimiento no se detuvo en el edificio aislado. El urbanismo neoclásico extendió las mismas reglas a calles, perspectivas y conjuntos cívicos: los monumentos se colocan sobre ejes para que la aproximación, la secuencia y el ritual público formen parte del proyecto. En el trabajo actual de planeamiento, la animación arquitectónica es lo que hace legible ese recorrido, porque muestra cómo se experimenta realmente una plaza, una escalinata o una cúpula que cierra una avenida.

Plazas monumentales y espacio cívico

Una plaza bien compuesta depende de la proporción entre los bordes construidos y el suelo libre. La plaza neoclásica usa simetría, alineación frontal de fachadas y un monumento focal para producir un lugar ordenado que no resulte estático. La Place de la Concorde de París, trazada por Ange-Jacques Gabriel a partir de 1755, es el caso de manual: dos edificios gemelos, un eje larguísimo y un vacío que funciona como sala urbana al aire libre.

Casas, quintas y jardines ordenados

En lo doméstico las reglas se aplican en voz baja. En quintas y ensanches residenciales, el jardín trabaja con la simetría de la casa: aproximación larga, vistas controladas y construcciones auxiliares situadas para enmarcar la vivienda como centro de orden dentro del paisaje. Esa lógica viene directamente del pensamiento palladiano, donde arquitectura, terreno y jerarquía social se componen como un único sistema visual. Transmitir hoy ese orden a un comprador es exactamente lo que consigue el render residencial, que muestra simetría, aproximación y entorno antes de que exista la obra.

Fachada de iglesia neoclásica con columnas corintias en París
Columnas corintias y frontón dan a la fachada de la iglesia la claridad de un templo antiguo.
Qué sobrevive del neoclásico en la arquitectura actual

Qué sobrevive del neoclásico en la arquitectura actual

El siglo XX no borró el movimiento, aunque el Movimiento Moderno rechazara la cita histórica explícita. La proporción, la jerarquía y la legibilidad cívica siguieron siendo útiles mucho después de que terminara la moda de los revivals. El Beaux-Arts prolongó la planificación clásica dentro de la ciudad moderna, y en América Latina esa herencia se reconoce todavía en bancos, ministerios, aduanas y universidades levantados entre 1900 y 1940.

Clasicismo despojado y arquitectura institucional

Las actualizaciones que funcionan no copian piedra a piedra. Traducen la simetría, la jerarquía de basamento, cuerpo y remate y el ritmo ordenado a formas despojadas, detalles contemporáneos y materiales compatibles con la normativa y el presupuesto de hoy. Ese clasicismo simplificado, sin capiteles tallados pero con pilastras, proporción y eje, es el que más aparece en sedes institucionales y en piezas de remate urbano.

El nuevo clasicismo y sus críticos

También sigue activa una vuelta explícita al lenguaje clásico, con escuelas, publicaciones y estudios que proyectan con órdenes completos. El debate es real: sus defensores hablan de continuidad urbana y de durabilidad; sus críticos, de pastiche y de nostalgia política. Para un equipo que tiene que presentar un proyecto de este tipo sin caer en la caricatura, el render arquitectónico profesional permite comprobar si la proporción se sostiene antes de comprometer piedra, presupuesto y licencia.

Fachada de museo neoclásico con fuente y columnata larga
La columnata larga enmarca el espacio público mediante repetición, eje y orden arquitectónico.
Neoclásico y arquitectura clásica: por qué no son lo mismo

Neoclásico y arquitectura clásica: por qué no son lo mismo

Es la confusión más frecuente y la más fácil de resolver. La arquitectura clásica es la tradición original de Grecia y Roma, construida entre el siglo VIII a. C. y el siglo IV d. C.; el neoclásico es su recuperación deliberada casi dos milenios después, hecha por arquitectos que llegaron a ella a través de libros, mediciones y viajes, no de una práctica ininterrumpida. La diferencia no es de gusto: es de estatuto. Una es la fuente; el otro, una lectura.

Dos mil años de distancia: qué cambia en el edificio

En el templo griego el orden es la estructura: las columnas sostienen el entablamento y no hay muro que las sustituya. En el edificio neoclásico el orden suele ser lenguaje aplicado sobre una construcción de ladrillo, mampostería o, más tarde, hierro, y el pórtico se adosa a un bloque rectangular con plantas, corredores y salas modernas. Cambia también el programa: la Antigüedad no tuvo museos públicos, congresos electos ni estaciones de ferrocarril. Y cambia el objetivo, porque el neoclásico persigue la exactitud arqueológica como ideal declarado, algo que a un constructor romano no le habría interesado. Reconocer esa distancia evita el error habitual de datar un edificio solo por sus columnas.

Neogriego, estilo Imperio y arquitectura republicana

Dentro del mismo campo conviven etiquetas que no significan lo mismo. El neogriego se ciñe al modelo del templo griego y a la fidelidad arqueológica, con predominio del dórico y del jónico. El estilo Imperio, ligado a la Francia napoleónica, añade referencias romanas e imperiales y una carga simbólica militar. En Colombia se habla de «arquitectura republicana» para el clasicismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX, y en varios países de la región ese mismo periodo se resuelve en realidad con eclecticismo académico de matriz francesa e italiana: el Teatro Nacional de Costa Rica, inaugurado en 1897, o el Teatro Colón de Buenos Aires, inaugurado en 1908, tienen columnas, frontones y escalinatas, pero pertenecen ya a esa mezcla y no al neoclásico estricto de 1800. Distinguirlos es lo que separa una ficha correcta de una atribución apresurada.

Cómo se visualiza una fachada neoclásica en 3D

Cómo se visualiza una fachada neoclásica en 3D

Representar arquitectura clásica en 3D tiene exigencias propias. El error se nota antes en un orden que en una fachada moderna: si el intercolumnio se desajusta, si el capitel corintio pierde el número correcto de hojas o si la cornisa se queda sin vuelo, la imagen se percibe falsa aunque la iluminación sea impecable. Por eso el trabajo empieza en la geometría, con fuste, éntasis, acanaladuras y molduras modeladas de verdad y no resueltas con textura, y sigue en el material: la caliza, el mármol y el estuco envejecen distinto y responden distinto a la luz rasante. En restauraciones, ampliaciones y obra nueva de lenguaje clásico, ese nivel de control es lo que permite comparar alternativas y defenderlas ante una comisión de patrimonio o ante un comprador.

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Del pórtico a la imagen: cuéntenos su proyecto

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Preguntas frecuentes sobre arquitectura neoclásica

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¿Qué es la arquitectura neoclásica?

Es el estilo que entre 1750 y mediados del siglo XIX recupera de forma deliberada el orden, la simetría y las formas de templo de Grecia y Roma. Nace con la Ilustración y se apoya en la arqueología y en los tratados, no en una tradición continua. Se usó sobre todo en museos, parlamentos, teatros, universidades y monumentos.

¿Cuáles son las características de la arquitectura neoclásica?

Simetría axial, órdenes clásicos con capitel legible, pórtico con frontón triangular, cúpula o cuerpo central dominante, muro liso y ornamento contenido. Los materiales habituales son la sillería de piedra, el aplacado de mármol y el estuco despiezado para imitar sillar, casi siempre sobre una estructura de ladrillo o mampostería.

¿Cuándo y por qué surgió el neoclásico?

Tomó fuerza a mediados del siglo XVIII. Las excavaciones de Herculano en 1738 y de Pompeya en 1748, el Grand Tour y textos como el ensayo de Laugier de 1753 o la historia del arte antiguo de Winckelmann de 1764 desplazaron el gusto hacia la Antigüedad y en contra del rococó. La columna volvió a entenderse como argumento y no como adorno.

¿Cuáles son los edificios neoclásicos más conocidos?

Entre los ejemplos destacados están el Panteón de París, el Altes Museum de Berlín, la Puerta de Brandeburgo, el Museo Británico, el Museo del Prado y el Capitolio de Estados Unidos. En América Latina destacan el Palacio de Minería y el Hospicio Cabañas en México, el Palacio de La Moneda en Santiago y el Capitolio Nacional de Bogotá.

¿En qué se diferencian la arquitectura clásica y la neoclásica?

La clásica es la tradición original griega y romana, construida en la Antigüedad; la neoclásica es su recuperación consciente casi dos mil años después. En la arquitectura clásica el orden puede ser estructural o decorativo; en la segunda suele ser un lenguaje aplicado sobre construcción de ladrillo o hierro, en programas modernos como museos, congresos o estaciones que la Antigüedad no conoció.

¿Qué tipos de arquitectura neoclásica existen?

Se suelen distinguir tres familias. El edificio-templo pone el pórtico y el frontón en primer plano. La línea palladiana llega a través de las villas renacentistas de Andrea Palladio. El bloque clásico urbano resuelve grandes plantas con pilastras, almohadillado y huecos medidos, sin pórtico dominante.

¿Por qué tantos edificios de gobierno de América Latina son neoclásicos?

Por dos razones encadenadas. Primero, las reformas borbónicas y las academias, como la de San Carlos fundada en 1783, impusieron el lenguaje clásico desde el Estado para desplazar al barroco. Después, las repúblicas independientes lo conservaron porque el pórtico y la cúpula ya remitían a la República romana, a la ley y a la idea de gobierno moderno.

¿Qué materiales se usaban en la arquitectura neoclásica?

Sobre todo sillería de piedra, aplacado de mármol y estuco despiezado para imitar sillar. Detrás de esa piel suele haber ladrillo o mampostería y, ya en el siglo XIX, estructuras de hierro. El acabado buscaba transmitir permanencia y enlazar visualmente con el precedente romano.

¿Cómo se reconoce un edificio neoclásico en la calle?

Busque un eje central claro, alas simétricas, un pórtico elevado con frontón triangular, columnas con capitel dórico, jónico o corintio y paños de muro lisos con molduras finas. Si hay cúpula, suele coronar el eje. Si la fachada se curva, se llena de escultura y juega con la sombra, lo más probable es que sea barroca y no neoclásica.

¿Qué diferencia hay entre neoclásico y neogriego?

El neogriego es una variante más estrecha: se ciñe al modelo del templo griego y a la exactitud arqueológica, con predominio del dórico y del jónico. El neoclásico es el campo amplio, que incorpora además el precedente romano, la cúpula, la bóveda y toda la gama de edificios públicos, y admite la vía palladiana.

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